miércoles, 30 de octubre de 2013

ARMAS CLIMATOLOGICAS, ¿MITO O REALIDAD?

Por el teniente Armando Molina



  Desde la antigüedad, las condiciones climáticas han sido determinantes para la elaboración de estrategias y planificaciones bélicas, pues a pesar que el clima es un factor en cierto grado impredecible, resultan ser muy favorables las ventajas que se puedan obtener de él. Sin embargo, ¿qué sucedería si en vez de adaptar la estrategia al clima, se adaptara el clima a la estrategia de batalla?, o incluso, ¿podría usarse el clima como arma, dirigiendo tormentas, huracanes, tornados o desastres naturales al campo de batalla enemigo? Analicemos lo siguiente:

Siembra de lluvias:

  Desde 1940, se han alterado las precipitaciones con un proceso conocido como la siembra de lluvias, el cual se produce rociando yoduro de plata en las nubes, este induce a la fusión de cristales de hielo presentes en la atmosfera, los cuales al unirse, se vuelven más pesados, generando la precipitación. 





Ejemplo de esto se citan a continuación:


   Así, “La Ruta” o el “Sendero Ho Chi Minh” era un trayecto logístico controlado por la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y que, discurriendo por territorio de Laos y Camboya, llegaba a la República de Vietnam (Vietnam del Sur). Gracias al “Ho Chi Minh” se proporcionaba mano de obra y material de guerra al Frente Nacional para la Liberación de Vietnam del Sur (NLF), al Vietcong y a la Milicia Nacional de Vietnam (PAVN). 

  Para dificultar el tráfico de suministros que aportaba esa ruta, la 54° Escuadrilla de Reconocimiento Meteorológico sembró el cielo con yoduro de Plata para que el periodo de lluvias aumentara un promedio de 30 a 45 días. Se pretendía que la lluvia provocara desprendimientos sobre las calzadas, que los ríos se desbordaran y que el terreno quedara obstruido para el tránsito de camiones.
 
  En Octubre de 1966, el “Proyecto Popeye” fue probado en una franja de Laos, concretamente al este de la meseta de Bolovens, cerca del valle del río Se Kong, dando como resultado que de las 50 nubes que se formaron, un 82% produjo lluvia de forma rápida.
 
   Actualmente, se desarrollan de manera independiente investigaciones sobre distintos fenómenos naturales por medio de la observación y recreación; pero, partir del hecho de comprender estos fenómenos a controlarlos es un camino vertiginoso y plagado de muchos riesgos. Ahora bien, a pesar que por el momento ninguno de estos experimentos tiene aplicaciones bélicas, una vez que se desarrolle esta tecnología, ¿qué tan lejos estaría su aplicación militar?

   En este sentido, el hecho que conlleva a desarrollar tecnología de manipulación del clima, debe poseer tres características especiales:


  •  Apuntar y dirigir estos fenómenos de manera precisa, ya que los fenómenos naturales tienden a generar muchos daños colaterales y en una guerra las tropas aliadas no estarían muy lejos de las tropas enemigas. 

  • Generar las condiciones atmosféricas previas para la creación de estos fenómenos, ya que los fenómenos naturales tienden a contener grandes cantidades de energía y hasta el momento sólo se ha descubierto como desatarlas. 
  • Desarrollar tecnología secreta y negable, ya que considerando los problemas ocasionados por el cambio climático y dadas ciertas acciones tomadas, como el protocolo de Kioto, sería un acto irresponsable manipular el clima con fines bélicos, sin pensar que las consecuencias de estos actos pueden ser catastróficas.


     Relámpagos 
 
      Un caso puntual está en el estudio de los rayos eléctricos, su causa y origen, todo esto bajo el precepto de evitar accidentes a transportes aéreos durante tormentas eléctricas; pero los efectos que podría generar este fenómeno son descomunales, considerando desde el daño directo que podría generar a las tropas, pues un rayo se puede extender por más de ocho kilómetros, alcanzando temperaturas que rondan los 30.000 K, hasta la inutilización de los equipos electrónicos (radares, cámaras, sensores, sistemas de guía, entre otros).



Proyecto HAARP


   Es un proyecto que consta de un conjunto de antenas de radio instaladas en Alaska, (180 antenas, para ser exactos) las cuales emiten ondas ELF (extreme low frequency) u ondas de extrema baja frecuencia, directamente a la ionosfera.

    Pero, ¿qué efectos genera esto?
  Estas ondas, increíblemente potentes, al chocar con la ionosfera o capa de ozono, rebotan, dirigiéndose de nuevo a la superficie terrestre para atravesarla hasta llegar a una profundidad de diez kilómetros, generando vibraciones que a esta profundidad, donde se encuentran muchas de las fallas tectónicas,  pueden alterar una de estas y  desarrollar terremotos, temblores, entre otros.
 
    Otro efecto del proyecto HARPP, es que al dirigir las ondas con una mayor incidencia y ángulo de apertura durante cierto tiempo, esta expanden la capa de ozono, generando un vacío que se cubre con el aire circundante en la atmósfera, alterando las corrientes de aire frío y caliente las cuales, al encontrarse, pueden generar tornados y huracanes.

   El huracán Katrina se considera una prueba de esto, ya que ciertas condiciones inusuales se presentaron en la temporada cuando se desató este huracán. Además, al año siguiente, no se desarrolló ningún huracán en esa zona, suceso extraño considerando que está en la zona ciclónica del atlántico.

  La serie de terremotos ocurridos en Venezuela en el año 2009, cuyo epicentro se encontró, en la mayoría de los casos, a una profundidad de diez kilómetros, es otra sospecha del uso de esta arma climática.

   Ahora entra en consideración los siguientes aspectos:

Desde una perspectiva científica y tecnológica
¿Cuál es la capacidad humana de controlar el clima?

Desde una perspectiva económica
¿Cuál es la rentabilidad de estos procesos?

Desde una perspectiva ecológica.
¿Cuáles son las consecuencias ambientales a corto, mediano y largo plazo?.

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Referencias