miércoles, 10 de abril de 2013

Cambio Tecnológico - 2da. Parte



Por el Dr. José Armas G.
Esta interpretación presenta tres limitaciones fundamentales: En primer lugar, se centró en favorecer  la oferta científico – tecnológica olvidando la parte de la demanda del mercado. En segundo lugar, se descuida el hecho de que la innovación no siempre se deriva de descubrimientos científicos, como se puede apreciar en la figura 2.3, donde se puede apreciar que los descubrimientos científicos, ciertamente, derraman conocimiento sobre la tecnología, y puede concebirse como un gran recipiente de conocimiento, que se alimenta por el flujo continuo del conducto de la investigación básica, de vez en cuando algo del contenido del recipiente se extrae y se utiliza, aunque nunca se sabe que parte del contenido será necesario.


Fig. 2.3. Conocimiento científico y tecnológico

Por su parte, la tecnología derrama sobre la ciencia nuevos desafíos, nuevas preguntas, nuevos métodos e instrumentos, sin embargo, ambas son actividades diferentes.
En tercer lugar, el proceso de innovación no termina con la incorporación de mejoras tecnológicas a la producción; más bien con ello se inicia un periodo de aprendizaje tecnológico incremental  comprendido como “las mejoras sucesivas a las que son sometidos todos los productos o procesos” para lograr el incremento en la productividad general. A este respecto Giovani Dosi (1988), sugiere que “la dinámica innovadora depende más de los procesos de aprendizaje tecnológico que de los recursos disponibles y que estos procesos de aprendizaje tienen un carácter acumulativo, sistemático y cultural (Aguilar, 2003:29).
 
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Fig. 2.4. Naturaleza del proceso de innovación


 
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3. Nuevas propuestas teóricas

Ante la existencia de un comercio mundial cada vez más intenso, las diferencias tecnológicas entre los países y entre las empresas, y la presencia de los procesos de liberalización comercial hacen que la teoría convencional del comercio internacional comience a reconocer la presencia de fuerzas perturbadoras y desequilibrios significativos e incorpora en sus análisis, por ejemplo, el papel de la inversión extranjera directa, la tecnología, estructura industrial, la política industrial, tecnológica y comercial de los países participantes del comercio. Fajnzylber (1991), Borja (1993), Unger y Saldaña (1994), Lefebvre, (1993), CEPAL, 1992)[1].

Al respecto, el pensamiento estructuralista contemporáneo, en una perspectiva de mediano y largo plazo, la competitividad consiste en la capacidad que tiene un país para sostener y expandir su participación en los mercados internacionales, y elevar simultáneamente el nivel de vida de su población. Situación que exige el incremento de la productividad, y por ende, la incorporación del progreso técnico. En cuanto a las diferencias en la inserción internacional obedecen en gran medida a factores de carácter estructural y al uso que cada país hace de los instrumentos específicos de política económica e industrial (Fajnzylber, 1988).

Para los estructuralistas la competitividad tiene dos distintas acepciones: Aquella que hace abstracción de la sustentabilidad ambiental y del progreso técnico, es la que denominan “competitividad espúrea”; se basa en recursos naturales depredados y en salarios que caen. Se presenta en un marco de una caída del gasto en investigación y desarrollo tecnológico, de la inversión y el ingreso per capita. En tanto que la “competitividad auténtica” se basa en la incorporación y difusión de progreso técnico y cautela en el aprovechamiento de los recursos naturales, bajo un esquema de “sustentabilidad ambiental” (CEPAL/ONUDI 1992:13).

En este sentido: se vienen intentando explicaciones que tomen en cuenta las diferencias en las economías, en las estrategias económicas y en los sistemas políticos (...) por ejemplo, se dice que la absorción de fluctuaciones externas transitorias y especulativas, en actividades o sectores estratégicos, deben ser evaluados permanentemente; se afirma que no siempre las fluctuaciones o cambios externos deben ser absorbidos abruptamente por la economía nacional, es decir, que la gradualidad debe ser una forma de comportamiento.  La absorción de impactos externos y la gradualidad en la apertura es especialmente observable en los cambios tecnológicos que desplazan recursos de difícil reubicación y lleva, como se observa en ocasiones, a reconversiones industriales en sectores de países desarrollados. Solleiro, et al. (1997: 23)

Parte de la discusión gira sobre los efectos que tiene en la economía la creciente movilidad de capitales, para unos, es beneficiosa siempre y cuando el país receptor desarrolle políticas de adecuación para sus empresas exportadoras; para otros, el desarrollo tecnológico y las alianzas estratégicas entre empresas seguirán siendo favorables sólo a las empresas transnacionales, toda vez que la innovación tecnológica es generada desde fuera de los países receptores.

En general, se reconoce la existencia de ventajas surgidas de la liberalización, en un contexto de competencia imperfecta, como por ejemplo, el mayor acceso a un mercado de consumidores domésticos con productos en los cuales el precio internacional es inferior al nacional; acceso a una mayor variedad de diseños de los distintos productos y efectos sobre la productividad, entre otros. Sin embargo, son ventajas que no se logran en forma automática por lo que requiere que se armonice con la políticas tecnológicas e industriales, es decir, que éstas no sean pasivas.

Las propuestas de esta nueva teoría no están asociadas a la justificación del proteccionismo que en América Latina se ensayó en el periodo de sustitución de importaciones, y que ahora todo mundo critica, pero tampoco son un aval de las recomendaciones de la teoría convencional, que propone políticas económicas pasivas, ni la política de neutralidad de incentivos (Solleiro, 1997)

En tal sentido, se recomienda un cierto grado de selectividad y de activismo, incluyendo protección a ciertos sectores y subsidios a las exportaciones en otros; lo anterior debe permitir establecer vínculos entre empresas y gobierno, para definir prioridades comerciales, industriales y tecnológicas como bien lo ilustran los casos del sudeste asiático (Ibid., citando a Amsden 1986, 1989 y Tsiang 1985).

4. Consideraciones finales

Contrariamente a lo que la teoría clásica expone, el crecimiento económico basado en la tecnología para incrementar la competitividad de una nación, basada en su industria, está ligada a una serie de factores o elementos que son claves para mantener e incrementar su participación en los beneficios del comercio internacional. Entre estos elementos sobresale, justamente, la tecnología como un factor determinante de la competitividad internacional de cualquier nación.

También se reconoce que la competitividad está lejos de ser el resultado de la libre concurrencia de las fuerzas del mercado, por el contrario, es indispensable contar con estrategias que integren en un solo proyecto (nacional) a las diversas políticas ; industrial, fiscal, laboral, de ciencia y tecnología, educativa, agropecuaria, de comercio exterior, entre otras.

En los nuevos enfoques del comercio internacional el papel de las grandes empresas y las economías de escala, están siendo cuestionados. Se afirma que la orientación del cambio comercial se encuentra íntimamente asociado a los cambios de carácter tecnológico, por lo mismo, que con las innovaciones registradas, hay oportunidades para las pequeñas y medianas empresas por su mayor flexibilidad en su estructura productiva. Se puede hablar de escalas de comercialización, de investigación y desarrollo, de organización, de redes de información o de redes tecnológicas.[2]

Asimismo que la competitividad de las organizaciones hoy depende menos de los descubrimientos fundamentales; y, más de saber combinar procesos de manufactura de bajo costo con productos de alta calidad. Esto significa la mejora gradual y continua en aspectos de función, costo y calidad que, a su vez, implica: el manejo de modelos sensibles al costo, la introducción de nuevas tecnologías de proceso y un fuerte desarrollo de ingeniería de sistemas de manufactura.

Pero también se observa que en los procesos productivos modernos, la tecnología juega un papel distinto, o con variantes: las mejoras tecnológicas no necesariamente tienen que generar un incremento en la productividad para generar un beneficio mayor a la empresa, entonces, la mejora tecnológica busca más la diferenciación del producto que la disminución de sus costos de producción derivado de un incremento en la productividad. Por ejemplo, la innovación tecnológica puede hacer que un producto tenga mayor calidad y sea único, lo cual le otorga mayor competitividad en el mercado global y permite al productor vender a un precio que le reporta un beneficio más alto al que tenía antes de introducir la innovación.
A partir de la revisión teórico conceptual podemos sugerir, la naturaleza del cambio tecnológico descansa en un conjunto de factores tanto internos, como el papel del dirigente (propietario) y en su capacidad para obtener y utilizar la información científico y tecnológica adecuada, en la calidad y la flexibilidad de la organización interna, en la importancia de la inversión material fundada en las tecnologías apropiadas, en la capacidad de elaborar producto diferentes con un alto valor en el mercado, pero también en el grado de armonía con el marco institucional en el que se diseñan las políticas tecnológicas orientadas al desarrollo de la competitividad industrial.

La discusión anterior hace necesaria la exploración de las implicaciones que para las pequeñas y medianas empresas tiene la existencia de un comercio inter e intrasectorial, cada vez más profundo, la presencia de diferencias tecnológicas entre las empresas, y el efecto que tienen para ellas los procesos de liberalización económica, lo cual conduce  a repensar la recomendación que hace la teoría convencional del comercio sobre la neutralidad de incentivos, por parte de los gobiernos y una política industrial y tecnológica pasivas. Recomendaciones que los países desarrollados no están llevando acabo, pero que insisten en que los países en vías de desarrollo las apliquen puntualmente.
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Referencias
Aguilar, C (2003) “Sistema Nacional de Innovación, una aproximación teórica para la agricultura”, Temas de Ciencia y Tecnología, UTM, Vol. 7, Núm.20, mayo-agosto, pp.29-40.
Cadena,, G (1986) et al., Administración de proyectos de innovación tecnológica, UNAM/CONACYT/Edit.Gernika, México
Capdevielle, M. y G. Dutrénit (1992) “Reflexiones sobre los enfoque heterodoxos del cambio tecnológico” Anuario de Investigación Núm. 91, tomo I, México, UAM-X, pp. 15-34.
Cimoli y Dosi (1994) “De los paradigmas tecnológicos a los sistemas nacionales de producción e innovación”, en Comercio Exterior, Bancomext, Vol.44, Núm 8, México, pp.669-682.
Corona, L (1997) Pequeña y mediana empresa: del diagnóstico a las políticas, CIICH-UNAM, México.
Del Valle, M (2000 ) La innovación tecnológica en el sistema lácteo mexicano y su entorno mundial, IIEc, UNAM,, México.
Freeman, Ch. (1975) Teoría económica de la innovación industrial,  Alianza Universidad, España.
Pérez C (1992) cambio técnico, restructuración competitiva y reforma institucional en los países en desarrollo”, El Trimestre Económico, FCE, Núm.233, Vol. LIX (1), enero-marzo, México, pp.23-64.
Porter, M (1988) Estrategia competitiva, técnicas para el análisis de los sectores industriales y de la competencia, CECSA, México.



 

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