martes, 9 de septiembre de 2014

A propósito de: “La revolución del conocimiento”



Por el Lic. Pedro Reinaldo Pérez H. (MSc.)

Vivimos en una sociedad del conocimiento, pero somos incapaces de mantener nuestra casa en orden. Frente a la fórmula socrática: “sólo sé que nada sé”, el hombre contemporáneo bien podría decir: “No sé ni cuánto sé, ni cómo sé, ni qué es lo que me falta por saber”.
 (Juan Arena 2001).  





Uno de los grandes desafíos de la sociedad del conocimiento, es que no puede poner en duda la importancia de la ciencia y su influencia en el desarrollo político, social, económico, cultural y educativo de una nación. La aparición de la ciencia significo una revolución y desde entonces esa palabra “ciencia”  no ha dejado de acompañar cada uno de estos estadios señalados.

Lo revolucionario ha llegado hacer algo tan consustancial a la ciencia, que las revoluciones sociales se han adherido a las ideas de progreso científico, con la implementación de nuevos elementos que favorezcan a todos los sectores involucrados en el proceso de cambio de la sociedad. Es decir que debe producirse como resultado de esta revolución una verdadera “socialización del conocimiento científico y tecnológico”, que responda a la falta de credibilidad sobre el dominio tecnológico e independencia real de aquellos países que pretenden debilitar la formulación de políticas públicas del Estado Venezolano en materia de ciencia y tecnología que se han establecido en el país desde la llegada de Revolución Bolivariana.


Fuente: http://albaciudad.org/wp/index.php/2014/09
 Recientemente el Presidente Nicolás Maduro propuso en cadena nacional “cinco revoluciones”. Pidió, a la juventud, los estudiantes y maestros, que asuman con un perfil propio para la  "revolución del conocimiento", en la que incluiría, dijo la cultura y la tecnología. "El objetivo es unir diferentes aspectos del desarrollo del país. Venezuela necesita una revolución profunda en el campo de la educación, una estrategia clara para el desarrollo del conocimiento con una nueva ética. Hay que incorporar la tecnología para producir más y satisfacer las necesidades de los trabajadores, no para reducir el número de trabajadores".


 Fuente: http://www.leanoticias.com/2013/02/25
A mi juicio para que la Revolución del Conocimiento tenga una acogida en el seno del corpus científico en Venezuela en todos sus niveles, lo primero que hay que hacer es recuperar su prístina significación, para que sea única e irrepetible y aquellos que sean fieles a ella puedan defenderla de las falsas e ingenuas imágenes tradicionales que se tienen sobre la revolución científica desde los tiempos del renacimiento.  Ahora bien,  sin negar que, en un sentido limitado, haya habido varias y hasta muchas revoluciones en la ciencia, opino que el carácter genuinamente revolucionario de la ciencia misma procede de la unidad profunda de la transformación introducida en el estudio de la naturaleza a partir del Renacimiento.

Creo que la  propuesta del presidente Maduro procura una actividad concreta para todos los involucrados  con el que hacer educativo en especial con el sistema educativo militar, ya que la actividad revolucionaria conduce a un nuevo tipo de ciencia que no es inferior según Varsavsky (2007) a la ciencia actual, y que no es obligatorio aceptar los criterios valorativos de ésta, ni conveniente para la misma ciencia. La ciencia puede que sea algo más que un contenido empírico encerrado en un continente lógico-matemático en virtud de una serie de reglas de procedimiento, Hay un espíritu que subyace y consigue hacer con todos estos elementos un genuino conocimiento de la realidad. Digamos que en este espíritu radica el valor y la identidad de lo que llamamos ciencia, el cual está situado en un plano que trasciende a las distinciones materia-formales, y justo en él hay que situar la revolución que da lugar a la ciencia  cambia el pensamiento científico moderno. Ya que no hay ciencia que pueda y deba ser dejada en manos de quienes la cultivan profesionalmente; a todos nos conciernen la filosofía, la historia, la sociología, la psicología, la astronomía, la física, la biología, la medicina, la economía y porque no las ciencias y artes militares. Todos pues, tenemos la responsabilidad de exigir a quienes las cultivan una exposición razonable de sus principios y resultados, de las cuestiones que han resuelto y de las que le quedan por resolver. Todos estamos obligados a ser vehementes con la  Revolución del Conocimiento,  no por complacencia, sino con la conciencia clara de que, si no hay unidad en el saber, tampoco habrá, a corto o largo plazo, diversidad, porque como sabemos el conocimiento ha sido el hilo conductor de todas las revoluciones tecnológicas que han cambiado y cambian la vida del ser humana. De tal manera que podemos afirmar que la Revolución del conocimiento, de la ciencia, cultura y tecnología: integrará el desarrollo económico social y material del país para construir una nueva sociedad que se sume a los preceptos socialistas de unidad y armonía de tal modo que  garantice el avance técnico-científico de la sociedad y se revierta en beneficios para el  Estado y el pueblo. Sin lugar a duda Venezuela necesita una Revolución profunda en el campo del conocimiento científico de la ciencia no es cualquier conocimiento, es uno vinculado a la construcción de una nueva sociedad contentiva de valores y ética. Ya que una sociedad de corte democrática basada en el valor de la persona humana y su dignidad debe estar enmarcada en decisiones éticas, respeto a la opinión ajena, tolerancia activa y diálogo permanente de  saberes. 

Referencias bibliográficas:
Arana Juan (2004): El caos del Conocimiento. Del árbol de las ciencias a la maraña del saber. Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA). España.
Berroterán José, Carmona Miriam (2012): Consideraciones Teórico-Políticas para la Ciencia y Tecnología en la República Bolivariana de Venezuela. Ministerio del Poder Popular para la Ciencia, tecnología e Innovación. República Bolivariana de Venezuela.
Varsavsky Oscar (2007): Ciencia, Política y Cientificismo. Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A, Caracas, Venezuela.
     

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